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Hipnosis: ¿Ciencia, ficción o arte?

Mucha tinta se ha derramado sobre el fenómeno de la hipnosis, pero: ¿Qué es en realidad la hipnosis?

Aunque a este estado de la mente se le han aplicado diferentes nombres y propiedades, a ciencia cierta nadie puede en realidad definir exactamente que es, ni por que se produce.

Desde Mesmer se han barajado diversas posibilidades, desde el poder del magnetizador -hoy hipnólogo-, hasta la complicidad del hipnotizado, hasta Charcot, considerando fundamentalmente hipnotizables a sujetos aquejados de histeria. Incluso grandes escritores como Poe, han hecho incursiones en ella, a través de trabajos como “La verdadera historia del Sr. Valdemar”, donde se atribuye a la hipnosis la posibilidad de mantener viva a una persona contra su voluntad, por medio de la fantasía de la pluma de Poe, auténticamente fascinado por el inexplicable magnetismo animal.
Se esgrimen así mismo numerosas estadísticas sobre el porcentaje de gente susceptible de ser hipnotizada. Se han construido innumerables aparatos “mágicos”, capaces de llevar al sujeto a este Estado Alterado de Conciencia. Se ha intentado devaluar el efecto terapéutico positivo de la hipnosis, atribuyendo mejores virtudes a técnicas de regresión consciente. Pero lo auténticamente cierto, es que la hipnosis, llevada a cabo por un terapeuta hábil, es hoy por hoy uno de los medios más rápidos y eficaces a la hora de modificar conductas.

Existen muchos métodos para inducir un estado hipnótico, pero sin duda el más eficaz y menos agresivo, es el inducido por medio de la relajación. Este método, está al alcance de cualquiera, pero requiere poseer un talante verdaderamente tranquilo y una voz modulada, que permita trasmitir a la persona que va a ser hipnotizada, este especial estado de tranquilidad, que difícilmente va a proporcionar cualquier medio mecánico como por ejemplo el hipnoscopio.

La dificultad para adquirir esta capacidad para relajarse y modular la voz de forma adecuada, lleva aparejado que muchos profesionales son incapaces de aplicar esta terapia, que en realidad está al alcance de cualquiera.

Casi todos los métodos de inducción a la relajación o estado prehipnótico, se cimientan en las técnicas del Entrenamiento Autógeno de Schultz, puesto que dicho método va a facilitar al profesional, una vez ensayado consigo mismo, una poderosa arma para conseguir este estado en sus pacientes. Para ello podrá, además, ayudarse de músicas de relajación mezcladas con Ondas Alfa.

Cierto es también, que resulta extremadamente difícil hipnotizar a alguien contra su voluntad, pero hemos de partir de que en una consulta terapéutica, la mayor parte de pacientes, están predispuestos a aceptar el tratamiento propuesto por el terapeuta. Esto hace, que según mi propia experiencia, el porcentaje de éxito es realmente cercano al 100%.

No olvidemos que en otras culturas, como la hindú, la práctica de la relajación profunda es algo totalmente habitual, entre los yoguis, que se auto inducen un estado hipnótico, a través de la meditación, logrando una total disociación de cuerpo y mente.

Tal como hemos dicho, encontramos diversas formas para denominar iguales o parecidos estados de conciencia: Hipnosis, sofrología, biofeedback, atavismo, magnetismo, etc. El auténtico fin de todos los sistemas, es conseguir esta disociación, que los yoguis consiguen de forma intuitiva.

Regresemos a nuestro encabezado, La Hipnosis, ¿es una ciencia, una ficción o un arte, que desarrolla el hipnotizador, para conseguir la connivencia del hipnotizado a través de la sugestión?

En el fondo, tanto da, lo realmente importante, es que por medio de la hipnosis, conseguimos ayudar a mucha gente y de forma muy ágil.

A la hora de poner en marcha una psicoterapia, sea para lo que sea, es fundamental, tener la empatía suficiente para que el paciente se sienta cómodo y dispuesto a comunicarse, para ello será válido la utilización de cualquier corriente, (humanista, conductista, cognitivista o psicoanalítica), que nos permita el acercamiento al paciente, para a partir de aquí utilizar el sistema que nos parezca más adecuado, para ayudarle con rapidez; entre ellos la hipnosis.

Para encontrar la respuesta adecuada a esta técnica, deberemos primero de hacerle llegar al paciente la tranquilidad ante la utilización de la misma. Para ello, no debemos olvidar, que existen tres puntos básicos:


  • La voluntad de ser hipnotizado.
  • No temer a la hipnosis.
  • Confiar en el hipnólogo.

Para el primer punto, tendremos muy en cuenta que jamás hipnotizaremos a nadie, sin haberle advertido de ello, explicándole muy con detenimiento el porque de la utilización de este método y las ventajas, que aporta a su caso concreto.

En el segundo apartado, le trasmitiremos al paciente la seguridad de que la hipnosis no ofrece ningún tipo de riesgo físico, ni psíquico. No existe, por lo menos hasta donde yo conozco, bibliografía alguna donde se relaten percances relativos a la hipnosis. Se le explicarán detalladamente las percepciones que va a tener durante la inducción y en caso necesario, se le aplicarán varias sesiones de relajación, antes de llevarle al sueño hipnótico. Puede ser útil el hacer un comentario parecido al siguiente:

“Esté Ud. tranquilo. El mayor riesgo que puede tener la hipnosis, es que el hipnólogo muera cuando esté Ud. en trance. En este caso, al cabo de un rato, cambiaría el sueño hipnótico por un sueño fisiológico y seguiría durmiendo el tiempo que su organismo precisara. Luego, al despertar, se llevaría un sobresalto al ver al hipnólogo muerto a sus pies...”

Esta pequeña broma puede servir para desmontar las barreras psicológicas, que quedaran en el paciente.

Por último, el hipnólogo, debe trabajar en un lugar aséptico, sin ambientes enrarecidos y en ningún caso dando lugar a entender la sesión como algo “mágico”, o que por medio de la hipnosis puede llegar a apoderarse de su voluntad. No olvidemos, que si bien en estados hipnóticos nadie hará nada contra su voluntad, cierto es también, que un hipnólogo hábil puede inducir cuadros mentales determinados, que alteren la situación y propicien, que se haga algo que en estado consciente no se haría. Por ejemplo si a alguien le hacemos percibir, que está totalmente solo y con mucho calor, tal vez pueda llegar a desnudarse, ya que la alteración de la situación, habrá convertido aquel acto como algo normal. Será, por tanto, fundamental, que el ambiente, no genere desconfianza alguna en el paciente.

Una vez conseguido el acuerdo con el paciente, por medio de la hipnosis, podremos llevar al paciente por un alucinante viaje al interior de su mente, de su ser, que nos permitirá encontrar traumas escondidos en el inconsciente, que no sería posible detectar en un estado normal de conciencia.

Podemos incluso llevar a una persona a lo que aparentemente puedan ser existencias anteriores, pero siempre quedará una pregunta en el aire: ¿Es la memoria colectiva? ¿Son acontecimientos aprendidos, aunque sea en forma subliminal...? ¿O simplemente es la actuación del sofronizado...?

Son preguntas que excepto si damos valor a algunas investigaciones personales, quedan totalmente sin respuesta.

Lic. Juan Genoves

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