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Cuando los impulsos dominan


Cuando los impulsos dominan
Lo hacen como un acto impensado que no se puede detener y que posiblemente cause daño a uno mismo o a otras personas.

De El Porvenir, México.

Durante el proceso de consumación, el paciente pasa por tensión, placer, satisfacción y después arrepentimiento.

Si los impulsos nos superan, es necesaria ayuda especializada para solucionar el problema.

La ciencia médica llama trastornos en el control de impulsos a la incapacidad para resistir o manejar una incitación que es peligrosa para otros o para uno mismo.

No se sabe a bien cuál es su origen, pero sí que suele agravarse el problema por el consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias adictivas.

El impulso es una sensación de tensión que se va incrementando hasta el momento de cometer el acto, para luego experimentar placer y gratificación o simplemente la liberación de tensión acumulada, y finalmente verse acompañada de culpa, pena o autorreproche, aunque es de destacar que no sucede en todos los casos.

Los científicos interesados en el tema han logrado definir características comunes de quienes padecen esta enfermedad, aduciendo ser individualistas, tener malas relaciones familiares y dificultad para tomar decisiones, asimismo, padecen insatisfacción con lo que hacen, son desconfiados e inseguros emocionalmente, y sus vínculos con la gente son poco satisfactorios; igualmente, se enojan con facilidad, presentan conducta inmadura y no son capaces de cumplir con las reglas establecidas.

Como se puede ver, tanto en el contexto familiar como el social contribuyen al comportamiento autodestructivo, creando un círculo vicioso que empeora gradualmente la situación, ya que el paciente es capaz de tener problemas constantes con sus semejantes por sus impulsos incontrolados, que a su vez le acarrean más tensión que tratará de liberar a través de su peligroso "hobby".

Es claro que en tanto el enfermo no atienda su problema de fondo, ocasionalmente será abordado por episodios de pánico y miedo a enfrentarse consigo mismo, a su vida real, sus problemas, soledad y sentimientos.

El problema toma mayores dimensiones cuando hay episodios de pérdida del control de los impulsos agresivos, dando lugar a actos violentos, graves o a destrucción de la propiedad.
Lo anterior se conoce como trastorno explosivo, y en él la agresividad manifestada no es en absoluto proporcional al motivo desencadenante.

Para dar y regalar Los siguientes son los tipos de problemas más reconocidos por la falta de control de impulsos: Cleptomanía (del griego kleptein, robar).

Compulsión patológica con tendencia irresistible al robo, generalmente no se lleva a cabo por necesidad y el hecho no tiene finalidad definida.

Dado que los objetos hurtados no son necesarios para el uso personal ni se toman por su valor, son luego abandonados, regalados, escondidos o, simplemente, olvidados.

Ludopatía. Impulso a participar en juegos de apuesta que comprometen y lesionan los intereses personales, familiares o vocacionales.

Los problemas que van surgiendo como consecuencia del juego tienden a aumentar la propia conducta de seguir jugando.

Piromanía. Tendencia patológica a la provocación de incendios, de forma deliberada y consciente en más de una ocasión, conllevando importante tensión y activación afectivas antes del siniestro con gran liberación e intenso placer o alivio al encender el fuego, al presenciarlo o al participar en sus consecuencias.

Además, el sujeto suele sentir interés, curiosidad y atracción por todo lo relacionado, al grado que expresa su atracción por el fuego participando en programas de prevención, en forma voluntaria.

Mitomanía. Afección o enfermedad de la mente que impulsa a la persona a decir mentiras o relatar cosas fabulosas, en las que generalmente es el personaje principal.

La padecen apostadores, cleptómanos y compradores compulsivos, para quienes pasado y futuro no existen, y no están en capacidad de aprender de los errores cometidos anteriormente.
Como es de suponerse, tampoco se da cuenta del alcance de sus mentiras.

Tricotilomanía. Consiste en la incapacidad para resistir los impulsos de arrancarse el propio cabello.

El individuo experimenta aumento de la sensación de tensión inmediatamente antes de realizar la conducta consiguiendo una sensación de alivio o gratificación al arrancarse el pelo.

Aunque la parte más afectada es la cabeza, no tiene que ser sólo ella, sino que puede abarcar diferentes partes del cuerpo, entre ellas cejas, pestañas, axilas y pubis.

El arrancamiento del pelo predomina más en mujeres, siendo el número de niños afectados superior al de adultos; es frecuente que el trastorno vaya asociado a ansiedad, depresión o a morderse las uñas.

Trastorno de la aparición intermitente. El personaje es impulsivo y agresivo en forma reconocible, y en ocasiones monta en cólera, dando lugar al asalto y/o destrucción de la propiedad.

Sádico. Impulso incontrolado por actuar cruelmente, con violencia desemesurada, siendo sangriento y duro.

Clastomanía. Obsesión por romper siempre la ropa de la pareja antes y durante el acto sexual.

Conductor suicida. Sin pensarlo, el enfermo se convierte en peligroso e incontrolado conductor de automóvil.

Disfruta atropellando a los transeúntes y provocando accidentes.

Homicida serial. El personaje se convierte en peligroso e incontrolado maniaco homicida en serie.

Buscará un grupo de personas como objetivo de sus asesinatos (prostitutas, niños, artistas y otros) y actuara en consecuencia.

¿Quién ayuda? La psicoterapia para modificar la conducta es lo más indicado en la solución a este padecimiento.

Debe orientarse hacia el vacío existencial que tiene el enfermo, buscando la manera de ser sustituido por actividades positivas y tranquilas en las que encuentre salud y paz mental.

Técnicas como hipnosis y biofeedback (método en el que se aprende a controlar estrés, ansiedad y tensión a partir del conocimiento de las reacciones corporales) suelen dar buenos resultados.

Algunas teorías recientes sobre el tratamiento del control de impulsos refieren que en estos pacientes es frecuente la ausencia de serotonina, sustancia que produce el cerebro y que genera sensación de bienestar, la que se puede obtener mediante antidepresivos; no se ha comprobado que para todo los casos haya resultados alicientes, pero su aporte podría ser importante.

Además del reconocimiento del problema, disposición y voluntad de cambio, es muy importante la colaboración de la familia, mediante comunicación amplia y estimulante, y una relación adecuada y comprensiva en la que se refuerce positivamente la autoimagen del enfermo.

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